12/04/2019

¿Compro o Vendo? Carteras de Inversión

Diego Falcone



La respuesta a la pregunta: ¿compro o vendo? dependerá de quien se la formule; dependerá si el inversor tenía un plan o simplemente armó una cartera de inversión que, ante la primera adversidad, demostró no ser la adecuada para su perfil de riesgo. Podemos afirmar, entonces, que la crisis de 2018 demostró que una portafolio de inversión no es un PLAN, es decir, NO es una estrategia para alcanzar un objetivo de rentabilidad aceptable a lo largo del tiempo.

 

 A fines de 2017 logramos un riesgo país de 350/400 puntos, y por ese entonces, el inversor promedio exigía para su cartera de inversión un objetivo de rentabilidad del 8% en dólares, y que además, debía estar “asegurado”. Lamentablemente el tiempo demostraría que si bien se podían armar carteras con esos objetivos de utilidad, los riesgos asumidos serían intolerables para la mayoría de los inversores.

 

 La recomendación, entonces, es que antes de armar una cartera, debemos tener un plan. Les propongo dos ejemplos para comprender mejor este punto:

 

 1) ¿Quién debería comprar activos argentinos por estos días? Nuestra presunción es que debería ser aquél afortunado inversor que vendió todos los activos locales durante el mes de marzo de 2018, y decidió quedarse en “cash” hasta el día de hoy. ¿Por qué? Porque la probabilidad de volver a tener un acierto de esta magnitud en sus decisiones de inversión es de 1 en 100, es decir, dependerá de un nuevo golpe de suerte más que de cualquier otra cosa. ¿Y porqué planteo lo de la suerte? Porque ese inversor jugó un pleno a que “todo volaba por los aires”, y acertó. ¿Volverá a acertar cuando se decida a comprar? ¿cuándo será ese momento único? ¿cuándo el riesgo país supere los 1.000 puntos, los 1.200 o cuándo regrese debajo de los 600? Imposible saberlo, y lo más probable es que NO acierte porque el miedo a no perder “el tren” cuando los activos tengan un rebote, puede precipitarlo a asumir riesgos innecesarios.

 

 Por esta razón, nuestro inversor afortunado debería elaborar un plan que contemple escenarios donde las cosas no resulten de acuerdo a lo esperado, y donde la cartera se adecué a su perfil de riesgo. Les doy un ejemplo: si ustedes esperan que Mauricio Macri se reelija con un 60% de probabilidad, y en consecuencia el mercado suba con una probabilidad del 80%, deberían invertir el 48% de la cartera de activos argentinos. ¿Qué pasa con el otro escenario, el de NO reelección, y que asumimos tiene 40% de probabilidad de ocurrencia? Aún en este caso, existe una probabilidad de que el mercado suba;  supongamos que es del 20%. ¿Cómo quedaría la cartera? Sumando los probabilidades, tendríamos una cartera con un 56% de activos argentinos (60%*80% + 40%*20% = 56%). ¿Qué hacemos con el otro 44%? Invertirlo en activos que lo diversifiquen del riesgo local.

 

 2) ¿Quién debería vender? Aquél inversor que permaneció invertido 100% en activos argentinos (acciones, bonos corporativos o soberanos), y que, pese a estar un -20% o -30%, aún mantiene viva la esperanza de que la situación se revertirá, y todo será un mal recuerdo. Lamentablemente este inversor está jugando también un pleno a que se dé el único escenario donde recuperaría la totalidad del capital perdido. ¿Y si esto no ocurre hasta dentro de mucho tiempo? ¿qué opciones tiene? Como el futuro es impredecible, y aún más en Argentina, es necesario crear alternativas, y para ello debería vender una parte de su cartera (¿20%?), asumiendo las perdidas pero ganando en diversificación.

 

 Fondos para diversificar

 

 En línea con esta idea de diversificar, en Cohen asumimos en 2019 el desafió de ayudar a nuestros clientes en un año complejo por el proceso electoral, la situación económica, y un contexto global desafiante. ¿Qué hicimos? Adecuar nuestros Fondos para que resultaran una alternativa que diversificar de la mejor forma posible los sesgos más evidentes en los portafolios de nuestros clientes: por un lado, cambiamos la estrategia del FCI Cohen Cobertura, para que fuera un Fondo de bonos corporativos argentinos en dólares, un autentico “High Yield”, que no tuviera en cartera deuda soberana, a fin de reducir la exposición en títulos públicos de los inversores, y por el otro, lanzamos el FCI Cohen Renta Fija USD, un Fondo de bonos corporativos de LatAm y de EE.UU., un clásico producto “High Grade", para quienes buscan salir en 100% de riesgo argentino.

 

 Escenario post-2020: buscando perspectiva para salir del día a día

 

 A modo de cierre, quisiera compartir una reflexión sobre el comportamiento de los mercados en los últimos días: con una prima de riesgo en 900 puntos, uno podría asumir que el mercado está descontando que Mauricio Macri NO será reelegido. Es decir, el mercado asume un escenario donde no ganaría ni Cambiemos pero tampoco CFK. ¿Es tan así? Los mercados que suelen predecir con bastante acierto los ciclos de la economía, pero por el contrario, son muy malos a la hora de descontar proceso políticos tal como ocurrió con el Brexit, el referéndum en Colombia o el triunfo de Donald J. Trump.

 

 Por esto mismo, prestaría un poco menos de atención al día a día, y vería que hay más allá de las próximas elecciones. Esta mirada nos permitiría observar que en junio 2021 venza el “Stand By Agreement” con el FMI por US$56.500 millones, es decir, la Argentina deberá afrontar a partir de esa fecha, un calendario apretado de pagos que estimamos, implicaría sólo entre el 2022 y 2023, un desembolso de US$40.000 millones. Esta es una cifra que obligará a quien resulte electo en octubre a proponer una agenda legislativa de reformas que convenzan a los mercados que la Argentina está dispuesta a hacer los deberes. Pero, ¿no son estos deberes muy diferentes de los que exigiría el FMI para firmar un Programa de Facilidades Extendidas que refinancie los vencimientos en cómodas cuotas, y a un plazo de 10 años? Además, la firma de un acuerdo de este tipo, resultaría en una tasa más baja de las que exigirían los mercados. Con esto, podemos pensar, que un escenario probable a partir de 2020 es uno de reformas estructurales (laboral y previsional) que nos permitiría avanzar luego de décadas de retroceso. Al final, en un país con políticos sin convicciones, será el FMI quien impongan la agenda económica para realizar los cambios necesarios después de tanto tiempo. El sueño de vivir con lo nuestro, por suerte, se terminó.

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